Primer Ministro danés critica a EE. UU. por sus ambiciones de anexión de Groenlandia
En un intercambio de palabras candente, la primera ministra danesa Mette Frederiksen criticó las ambiciones de Estados Unidos de anexar Groenlandia, un territorio bajo soberanía danesa. El interés persistente del presidente Donald Trump en adquirir Groenlandia, conocido por su ubicación estratégica y abundantes reservas minerales, ha generado tensiones entre los dos aliados de la OTAN.
Frederiksen, expresando preocupación por el futuro de la asociación de larga data entre Dinamarca y EE. UU., criticó el enfoque de la administración estadounidense. Cuestionó la integridad de un país que recurre a la presión y las amenazas contra sus aliados. La firme postura de la primera ministra fue evidente cuando declaró con contundencia: «No se puede anexar otro país, ni siquiera con un argumento sobre la seguridad internacional.»
El presidente Trump, quien ha discutido abiertamente la idea de apoderarse de Groenlandia desde su primer mandato, recientemente intensificó su retórica, incluso insinuando el uso de la fuerza. Las acciones de su administración, incluida una visita a una base militar estadounidense en la isla, han encontrado resistencia por parte de las autoridades y políticos locales.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, hizo eco de los sentimientos de Frederiksen, enfatizando que el territorio no pertenece a ninguna otra nación. A pesar del deseo de Trump de expandir el territorio de EE. UU., solo un seis por ciento de los residentes de Groenlandia expresaron el deseo de convertirse en parte de los Estados Unidos, según una encuesta reciente.
A medida que las tensiones aumentan sobre el destino de Groenlandia, la disputa resalta implicaciones más amplias para las alianzas globales y el orden mundial establecido. Frederiksen enfatizó que el tema trasciende a los países individuales, afectando el marco internacional que se ha cultivado a lo largo de generaciones.
La Casa Blanca aún no ha respondido a los comentarios de Frederiksen, dejando el futuro de las relaciones entre EE. UU. y Dinamarca en la balanza. El choque sobre Groenlandia sirve como un recordatorio claro de las complejidades y dinámicas de poder en juego en el escenario mundial, donde incluso los aliados más cercanos pueden encontrarse en desacuerdo.