En la secuela del escándalo de dopaje del campeón de Grand Slam en tres ocasiones, Jannik Sinner, Paul McNamee, el exdirector del torneo del Abierto de Australia, ha expresado su opinión. McNamee propuso que el equipo de Sinner podría haber gestionado mejor las consecuencias negociando algún tipo de ‘penalización’ con la Agencia Mundial Antidopaje (WADA).
La suspensión por dopaje de Sinner, que comenzó el 9 de febrero, concluirá el 4 de mayo. El momento de la suspensión levantó cejas, ya que permitió a Sinner competir en el Abierto de Australia, un arreglo que algunos han alegado que fue una elección deliberada por parte del jugador y su equipo. El período de suspensión también asegura el regreso de Sinner a la cancha a tiempo para su torneo en casa y el próximo Grand Slam.
McNamee, en un tweet reciente, sugirió que los asesores de Sinner podrían haber mitigado el estigma que rodea al jugador al aceptar algún tipo de concesión en su acuerdo con WADA. Sugerió que la ausencia voluntaria de Sinner en el Masters de Roma podría haber sido una solución más equitativa. Los comentarios surgieron después de que se diera la percepción de que Sinner había salido ligero dado su estatus en el mundo del tenis.
La sugerencia de McNamee fue recibida con cierto escepticismo, con una persona cuestionando el valor de que Sinner se perdiera el Masters de Roma, ya que no afectaría sus apariciones en Grand Slam. McNamee concedió este punto, pero mantuvo que aún sería un gesto significativo.
La controversia incluso ha llevado al abogado general de WADA, Ross Wenzel, a negar públicamente cualquier trato preferencial extendido a Sinner debido a su posición en el tenis. A pesar de la negación de WADA, el debate en torno a la suspensión de Sinner y su momento sigue siendo un tema de conversación en los círculos del tenis.
En una era donde la integridad del deporte está cada vez más bajo escrutinio, esta situación sirve como un recordatorio de la importancia de la transparencia y el juego limpio. Si el equipo de Sinner podría haber negociado un ‘punto de dolor’ con WADA, como sugiere McNamee, es un asunto de especulación. Lo que queda claro es que la óptica de cualquier arreglo de este tipo puede tener impactos duraderos en la reputación de un jugador y en la percepción de equidad dentro del deporte.